
Hubiera querido que mi padre fuera Juan Carlos Onetti por eso del mito y los libros y el personaje. Posiblemente me hubiera dejado arrastrarme en mi suciedad de niño o me hubiera tirado a un mercado a que fuera criado por una tendera gorda y analfabeta. Crecería para devenir parricida.
Digo esto porque por mucho tiempo no entendí al mío y era un hombre furioso, él, que no entendía su entorno, a mí, y por eso el ostracismo y la mitología a su alrededor. Ahora lo quiero como es porque algo se hechó a andar dentro de mí hace ocho años.
Que es el tiempo que tiene mi hijo de haber nacido. Ah cosa rara esa. Asistí a mi graduación de papá sin ganar los cursos. Tengo dos años y medio de fungir como tal, ahora sí, con todas las de la ley. Qué pensará el pequeño de esta cosa alta que le abraza.
Gozamos tanto estar juntos. Al fin una relación donde nadie juzga a nadie. Nos queremos porque... tenemos qué querernos. Nos nace del vientre y reímos endiabladamente cada vez que estamos juntos. Porque tenemos qué hacerlo.
Me hizo jugar al futbol y con cada patada me fui sacudiendo ese polvo rancio del intelectual de flema y soberbia sobre los placeres sencillos. Como el de una bola y jugar cosas sin sentido. Con eso gané que alguien al fin escuche mis mentiras con toda la atención. E imaginar largamente esos posibles mundos.
Realmente no entiendo eso de celebrar cada vaina que se nos ocurra, que la madre, que el padre, que la maestra, que la mujer, que el niño, el día contra el feminicidio, contra el chuchicidio o el "homocidio" (dícese del asesinato de homos).
Así que el día del padre es cualquier cosa. Me gusta más celebrar cada día que tengo oportunidad de estar con mi pequeño que atesora cada segundo que tenemos juntos. De aquí, sus fortalezas y sus traumas para el resto de su vida.
Las charlas de padres orgullosos, qué lugar común que hay que desempeñar. Pero hay que hacerlo. Los pequeños se vanaglorian de lo poco que somos que es mucho para ellos, frente a sus pares. Hay que hacer lo mismo. En Código 47, una película de ciencia ficción sentencia María "¿qué tienen los niños que son tan especiales de pequeños y cuando crecen se convierten en esos adultos tan aburridos?"
Pues este tipo decepcionantemente normal tiene un hijo especial. Ve pues, allí va la norma. Ser padre es normal. Ser padre es ejecer un acto natural que racionalizamos, por lo tanto, lo sentimentalizamos al refererirnos al objeto de nuestra condición: el hijo. O hija.
Yo tengo que amar al mío y él me ama porque tiene que hacerlo. Y es justo en ese deber donde radica la magia del asunto, el punto de quiebre que nos hace fabulosamente hermosos como especie: Si no lo hacemos, nos morimos por dentro.
Y qué bueno es estar vivo y tener a alguien que le crea a uno esos falsos universos donde todo es al revés y posible. Cuando se logra eso, convencer de esa opción, es la gente que crece para generar los cambios en nuestro soso y abyecto mundo de ex niños. Esa es la tarea padres, generar la posibilidad del cambio.
(
... les dejo tres poemas de mi libro
Breves Conversaciones de la Sicosis)
lecciónpequeña copia que me saliste mijo
en cierta manera es condenable lo que hice, lo que hago y lo que soy
pero hay dos pies en mi pecho
que me hacen irme lejos siempre
la muerte me hizo verla en un cañón de revólver
allí aprendí el secreto del trotar de los lobos
y entonces me fui lejos, cachorro
las lunas que encuentro las aúllo de la siguiente manera
(esta es tu primera lección):
paro en medio de la calle
me quito la camisa y le enseño los tatuajes
para que me atienda
respiro hondo y grito
de seguro mi hembra, tu lactora, te abraza
y yo los abrazo también con ese canto que va algo así:
somos del polvo y las piedras
¡ay mi niño!
lección escritaescribo en la oficina escribo en el baño y en mi cuarto
¿liter artum es posible hoy o lo fue algún día?
no lo sé y nadie lo sabe
últimamente no he ganado nada con escribir
y es posible que nunca lo haga
a los escritores eso les da miedo y yo estoy que me orino
carajo mijo,
las primeras letras son difíciles y nunca dejan de serlas
cuando quiero escribir lo hago de la siguiente manera
(esta es tu segunda lección):
paro en medio de la calle
me quito la camisa y le enseño los tatuajes al vocabulario
para que me atienda, respiro hondo y grito
entonces me gustaría que mi hembra, tu lactora
me abrazara sólo a mí
y dijera las palabras que la literatura no escucha
entonces sería feliz y te contaría los cuentos que me contaron
con todo y lobos incluidos, cachorro
lección de arenala meca de cualquier lobo es el mar
cachorro
al menos una vez en la vida se debe peregrinar
y esa es la maldición de los colmillos, mijo:
la errancia, la sed perpetua olisqueando el rastro
de la arena negra
porque el verdadero aroma es del agua
todo lo demás es una vil putrefacción de los líquidos
una venganza evolutiva de la carne y de los pelos
(esta es tu tercera lección)
al llegar al océano hay que quitarse la camisa
enseñarle los tatuajes al mar y aullar
hasta que los delfines salten de tristeza
que mi hembra, tu lactora
sienta ese repentino golpe en la tráquea
y en la distancia suelte los sollozos de luna
y te lama con su larga lengua de abandonada
nada emociona más que el sincero dolor de un licano partido
escucha bien
el tenue sonido que rebota en tus huesos es mi grito
yo ya llegué al mar cachorro
y los delfines saltan como condenados